Archive for Mayo, 2009

Dragon Ball: Involution

dragonHace años que se anunció, para el mismo año, el estreno de los dos comics más carismáticos de la historia. Esto podría pasar por coincidencia, pero no es así: hace tiempo que Hollywood, agotados los bestsellers y los remakes orientales de terror, se ha volcado en las viñetas para buscar proyectos de “éxito garantizado”. Porque esa es la clave del declive, amigos; no es que los guionista de La Meca del Cine ya no den más de sí, es que los productores de cine han renunciado a arriesgarse. Y, claro, los guionistas se han pasado a las series de televisión, donde están marcando época.

No me voy a extender sobre esto último; es sabido de sobras que el mejor cine de nuestro tiempo se hace en la pantalla pequeña. No podría aportar nada nuevo al tema. Pero sobre el mundo de la gran pantalla me gustaría destacar algo: esos productores que solo hacen cine para poder ganar dinero no suelen lograr ninguna de las dos cosas.

En principio, la ecuación parece sencilla: si una novela es un éxito de masas, la llevas al cine. Los lectores harán cola, arrastrado a parejas y parientes – nadie acude sólo al cine- y ya tienes el taquillazo asegurado. Es la doctrina Harry Potter.

Pero últimamente, como decía, no aparecen tantos bestsellers. Y han recurrido a su hermano pequeño: el tebeo. Nada más natural. Después de todo, el comic parece estar más cerca del Story Board que de la novela. Debería ser fácil convertir un comic de éxito en una película de éxito – buena o mala, eso ya no importa tanto-.

Sin embargo, los resultados no cuadran. Dragonball: evolution ha sido una ruina, y Wachmen, sin ser un completo fracaso, no ha cosechado los resultados esperados. ¿Por qué? Bueno, no es la primera vez que la adaptación de las viñetas a los fotogramas no funciona; aunque, como ya he dicho, parezcan tener un código visual parecido el ritmo es muy distinto. El comic disfruta prolongándose, contando historias complejas con numerosos personajes. La película trabaja a contrarreloj: no hay tiempo para profundizar en cada detalle.

Pero estos dos casos mencionados son muy particulares: sus respectivos fiascos obedecen, sobretodo, a la naturaleza de los originales.

De Watchmen hablaré otro día. Con respecto a la otra…

Dragon Ball: la gran obra del gran Akira Toriyama es un compendio de violencia extrema y continua, humor pueril y sexista, imaginación y amistad. Sobretodo esto último, porque la gran baza, la carta que Toriyama juega con maestría es la de antagonistas carismáticos que acaban siendo los mejores amigos. Si miramos uno de esos posters donde aparecen todos los personajes principales posando en grupo no encontraremos ni uno solo que no haya sido enemigo de Goku en un momento dado.

La ecuación era la siguiente: Goku se lanza a la búsqueda de un objetivo. Aparece un rival que compite con él. El rival resulta al principio terrible, casi invencible. Luego nos muestran su historia, sus motivaciones. Nos enamoramos del rival. Goku le vence, pero aparece un enemigo todavía más fuerte. El rival inicial se convierte en aliado. Luego en amigo.

Todos ex enemigos, salvo el hijo. Y alguna hostia tambien le suelta, no creas...

Todos ex enemigos, salvo el hijo. Y alguna hostia tambien le suelta, no creas...

Esta forma de estructurar la historia es, simplemente, genial. Conecta en seguida con el espectador, sobre todo con los niños, porque es así como se hacen amigos: peleándose, para luego reconciliarse y conocerse. Así se forjan los lazos más fuertes.

Pero para plasmarlo bien hace falta tiempo y dedicación. Dos cosas que los productores de Dragon Ball: evolution nunca tuvieron la intención de darle. Querían hacer caja, y punto. El director y los guionistas – ¡quizás!- se leyeran el manga, o vieran el anime, y se encontraron con la imposibilidad de plasmarlo visualmente. Bien, concedido. Tal vez con la inversión en dinero y talento se podría haber logrado algo decente, pero no igual. Nunca. Pero, ¿y la historia?

Ni rastro.     

Y en el papel de Piccolo tenemos a... Nosferatu

Y en el papel de Piccolo tenemos a... Nosferatu

Algunos nombres coinciden. Algún detalle del argumento, tal vez. Eso es todo. Por lo demás, le pones otro título – Power Rangers: la película, por ejemplo – y nadie lo habría notado. Una americanada más.

Pero he aquí que los productores de Hollywood han dado con un colectivo al que no es tan fácil darle gato por liebre: los freakes. Permanentemente informados a través de la red de cada uno de los movimientos del mundo – de sus mundos, más bien-, y con una red virtual que ya quisiera la C.I.A., estaban perfectamente informados de lo que había mucho antes del preestreno. Y no han picado.

Puede que los gustos de esta comunidad sean extraños, dudosos o deleznables. Puede que no compartamos su criterio. Pero hay que admitir que tienen gusto y criterio. Saben lo que quieren, y bien harán los prohombres de Hollywood en dárselo. Porque si piensas hacerlo mal, mejor ni lo intentes. Y porque, además, merece la pena hacerlo bien. Y si no, que se lo pregunten a Peter Jackson.