Fría. Muy fría.
Esa es la primera impresión que se te queda tras ver esta película. Los títulos de crédito desfilan acompañados de una hermosísima banda sonora, y esta última es la única que consigue emocionarte un poco. El resto es gélido.
No logro sentir empatía con uno solo de los personajes, ni esperar con tensión el desenlace porque que el argumento carece de misterio: cualquiera que haya sostenido un libro de historia entre sus manos sabe cómo acabó Hitler. Encima es un remake, el enésimo de los últimos años, y la verdad no sé porqué insisten: ninguno es artísticamente superior al original y encima suelen ser fracasos de taquilla…
En este caso, sin embargo, se ha logrado el objetivo económico. El señor Tom Cruise, a pesar ser tan vilipendiado por tirios y troyanos, sigue atrayendo al público al cine, y ya se encargaron los promotores de que el nombre de la estrellas saliera en los carteles más grande incluso que el título de la película.
Cruise es, por tanto, el mayor atractivo del film, el cebo para las masas, pero también podría haber sido la causa de su hundimiento. He dicho podría haber sido, porque le han cargado con todo el peso del metraje pero resulta, ¡sorpresa!, que cumple y con creces. Y ni es una película hecha para su lucimiento– difícil resultar atractivo interpretando a un mutilado coronel nazi-, ni se hace cargante su constante presencia en pantalla. Tampoco puedo unirme a los críticos que le acusan de hacer un personaje frio y distante; olvidan que se está hablando de una persona real, el aristocrático coronel alemán Claus von Stauffenberg quien, de hecho, era frío y distante. Tom Cruise usa toda la pasión y humanidad que se le puede imprimir a semejante personaje sin distanciarse de la realidad.
Y he aquí una de las taras del film: es riguroso. Tremenda y concienzudamente exacto. Si le añades una voz en off explicando quien es cada alto cargo nazi que aparece en el relato estaríamos ante un perfecto programa del Canal de Historia, y el hecho de que TODO el reparto – que realiza un trabajo intachable, por cierto – aparezca con uniformes nazis no ayuda a romper la atmosfera de documental. Así es imposible emocionar a nadie, y cada vez que lo intenta es cuando Valkiria naufraga sin remedio. Es demasiado evidente el esfuerzo por hacerte sentir simpatía por el coronel Stauffenberg, que desde el principio parece una especie nazi antifascista, lo cual es ridículo.
El resto de la película, como ya he dicho, tiene más de lección de historia que de otra cosa.
Ahora bien, ¿por qué tiene que ser esto algo malo? Apelar a los sentimientos es lo fácil; lo hacen todos los cineastas, desde los grandes de Hollywood hasta los guionistas venezolanos que fabrican culebrones en serie. Resulta encomiable que una película le hable a la mente en lugar de al corazón, aunque solo sea por elegir el camino más difícil. Pero esa también es la razón por la que la inmensa mayoría del público saldrá del cine insatisfecho: no es divertido. Pocos son los que acuden al cine dispuestos a esforzarse, y mucho me temo que la inmensa mayoría desconectarán a mitad de la película y su comentario a la salida será “pues vaya rollo”.
Así pues, yo sí recomiendo Valkiria, pero como lo que es: una especie de drama histórico con más Historia que drama. Si no están dispuesto a emprender un mínimo esfuerzo intelectual, si lo que buscan son emociones fuertes, sigan buscando.
Post Data: no he querido dar comentar detalles concretos de la película, en contra de mi costumbre, debido a que Valkiria sigue en los cines a día de hoy, pero no puedo dejar de destacar un hecho: en cuando los golpistas controlan la centralita de teléfonos logran hacerse con el poder de todo el Reich sin pegar un tiro. Simplemente por monopolizar los medios de comunicación. Da qué pensar…

El heroico... nazi